
Cuanto lo siento, tengo que decírtelo mi niña adorada ,la de la torre alta, la del río grande ,la de las Esperanzas,la del Gran Poder que viene encorvado y vencido.Tengo que decírtelo, solo descansare si te lo susurro a tus oidos,bajito,muy bajito por que no quiero que te enfades.Tienes que comprenderlo; ella es muy bella, son muchos los años que la veo casi todos los días, que paseo con ella, que me muestra sus aromas, sus luces y sus sombras.,su pasado morisco y jaranero, su color en Mayo.
Fue sin querer;la veía ajena ,dulce pero no mía, bella pero distante.La sentía pero no la escuchaba, pero como amor de juventud la fui cortejando poco a poco.Fueron sus ojos oscuros por unas calles judías, fueron las flores de un patio primaveral, quizás fueron los arcos de tu mezquita , a lo mejor fue una cruz de claveles en una esquina un mediodía de primavera cualquiera.Quizas no fue nada ,o lo fue todo, pero una mañana al llegar por los patos y aspirar tu aroma ,te sentí dentro,te sentí mía .Ya no podía soñarte ,el sueño ya era mío, me habías conquistado.
Hoy he aprendido que se pueden querer a dos mujeres a la vez y no estar loco.Solo espero que Sevilla no se enfade, que me perdone y lo comprenda, que esa niña bonita me embrujo y hoy peregrino de sus calles, deambulo perdido, añorando un beso ,queriéndote Córdoba.
(Esta entrada va dedicada especialmente a mi amigo Antonio y a tantos cordobeses y cordobesas que me han hecho quererla como mi segunda casa.)