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martes, 18 de octubre de 2016

VEINTINUEVE AÑOS SIN TI...




Uno se cree que el corazón te va a estallar. Tu piel, fría y desbordada demuestra que estás viviendo un momento al límite de lo razonable. No puedes pensar, no quieres pensar. No te puede estar pasando a ti. En un solo segundo se rompe lo que siempre fue. Piensas que no puede haber más allá, que no podrás resistirlo. Vacío total y pena honda…
Hoy, con el paso de los años y la vida vivida, te das cuenta que hasta una situación así eres capaz de superarlo. Sobrevives como puedes, vives y das vida. Y avanzas, pero no olvidas.
Ayer, hizo veintinueve años que un fatídico sábado dejaste de respirar. Y nosotros también perdimos el aire, las ganas, las razones de vivir. Y poco a poco, volvimos a respirar…y a vivir.
Con la perspectiva que da el tiempo, con lo que ya va costando recordar con nitidez, sigues presente entre nosotros pero de una manera diferente.
Te podemos ver en cada amanecer de un quince de agosto, en un viernes bien temprano ante tu Señor, en una taberna de croquetas y espinacas, en una mantilla bien puesta o en una alegre mañana de carretas por Triana.
Estas en cada soplo de aire de la Ciudad que te vio nacer y vivir…y por desgracia también morir, tan joven.
Estas en cada uno de tus hijos, de tus nietos, de tu familia entera. Una expresión, un buen pelo de tus nietas, un acto de bondad y de generosidad desprendida, un poco de arte y gracia.Tus genes no han muerto contigo, están en cada uno de nosotros y también estarán en generaciones venideras. Que hermoso seguir viviendo a través de la vida.
Desde tu balcón de eternidad te seguimos queriendo.

Yo te quiero y no te olvido. Hasta siempre mama…

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